Thursday, November 28, 2002

Desde hace un tiempo, y gracias a que mi gusto musical comenzó a refinarse poco a poco, me he visto cada vez más obsesionada por la música. Todo lo que siento está en las canciones, y todas las cosas del exterior que me interesan están tambien en las canciones. Mucha gente dice libremente que le gusta la música. Pero no es verdad. Que te guste la música es alucinar la primera vez que escuchas el Revolver, llorar con alguna letra de Hal David acompañada por la melodía de Burt Bacharach, encerrarte en la habitación escuchando lo que dice Morrissey, o cerrar los ojos y flotar con Save the children y God is love.

Le doy tanta importancía a la música que ha llegado el punto que juzgo a las demás personas por sus gustos musicales. Y es que creo que no hace falta preguntar más. ¿Qué interés puede tener una persona que dice gustarle...Eminem? Y por el contrario ¿cómo no podrías enamorarte de alguien que confiese estar obsesionado con Astral Weeks?

Escuchar música de una manera obsesiva te puede trastornar, como muy bien explica Nick Hornby en Alta Fidelidad:

"Algunas de estas canciones las he escuchado, en promedio, más o menos una vez por semana (trescientas veces el primer mes, cada tanto desde entonces), desde que tenía dieciséis o diecinueve o veintiuno. ¿Cómo es que algo así no termina dejándote lastimado en algún lado? [...] ¿Qué vino primero: la música o la tristeza? ¿Escuchaba música porque era miserable? ¿O era miserable porque escuchaba música? ¿Es que todos esas canciones te terminan transformando en una persona melancólica? [...] Y no sé si la música pop es la causa de esta infelicidad, pero sí tengo muy en claro que han escuchado esas canciones infelices durante más tiempo del que llevan viviendo sus vidas infelices."